Esta cabrón siempre venir a escribir al mismo lugar, me refiero al mismo lugar físico, creo que la gente me ve un poco raro… igual por mi aspecto o igual porque siempre vengo a escribir. Cosas que invariablemente me valen madre.
Así empezaba este post el día de ayer por la mañana, sin embargo, no salió nada más… pero hoy justo 3:29 am, de nuevo y como casi siempre, el sueño se terminó y una vez más vengo acá con el mismo ritual de madrugada.
Desperté y como de costumbre me puse los audífonos, active la reproducción aleatoria de mi repositorio musical y vaya putazo que me lleve sin esperarlo.
A veces es difícil comunicar lo que se siente, lo que duele, lo que necesitas e incluso a veces hasta lo que te gusta y te hace feliz, quizás por miedo al rechazo, quizás por el que dirán, quizás por encajar… reverenda estupidez. De un tiempo para acá ese tipo de cosas a mí me valen madre, me interesa muy poco estar de acuerdo y me interesa mucho menos que los demás estén de acuerdo conmigo, me gusta escuchar lo que piensan los demás sin que eso determine lo que yo pienso y sobre todo sin que eso influya lo que yo hago, me caga que la gente quiera encajar y por lo mismo, si hoy decido ponerme solo un par de zapatos y andar en pelotas por el mundo… así lo haré.
Me viene a la mente un relato que escribió mi papa hace tiempo…
Imagine usted un hombre desnudo caminando por la calle principal de su pueblo. Imagine usted que el hombre no tiene pudor y que ha decidido mostrar su desnudez como cosa natural, como algo que no ofende la propia dignidad ni la ajena… Siempre desnudos y alborotados en los ojos anegados de asombro de los otros, y siempre vestidos hasta el anonimato en los secos ojos propios. (Quiñones, 2009)
Hay muchos en depresión, somos muchos en silencio, sin embargo, irónicamente eso también nos hace encajar, eso también nos hace parte de. Yo he decidido quitarme todo de encima, no pienso cargar con nada mas que lo necesario… decida usted por cuenta propia.
Me quedare por ahora con una buena selección musical y esperare entonces que la noche termine y que la espera nunca acabe.
- Quiñones, L. (2009). Se sufre ajeno. Trece flores negras. Estrella del Sur Editora Independiente.
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